¿Quién la corriente detendrá, Belisa,
de las debidas lágrimas, que viertes?
Pues miras el trastorno de las fuentes,
y en llanto vuelta su serena risa.
Perdiste (si se pierde) a quien avisa,
que una sola pasó de entrambas muertes,
y entre muros de luz claros, y fuertes,
lo más lucido de los Astros pisa.
No llores más a quien dichoso niega
la debida atención al triste llanto,
que el tierno pecho, y las mejillas riega.
Canta, y no llores, que si lloras tanto,
no se obliga con llanto a quien se ruega,
ni admite voces, quien pretende canto.