Montes del Tajo, que en sus aguas puras
con menos ceños veis las crespas frentes,
y el espejo inmortal de sus corrientes
soberbio rompe en vuestras plantas duras.
Si están a los asaltos tan seguras
de qué sirven sus pasos diligentes?
Ni llamar de los montes las crecientes,
partos de nubes pálidas, y oscuras?
Lo mismo digo, montes, al engaño
de nuestras confusiones, y porfías,
más ciegas a la injuria de su daño.
Romperse, y no pasar son valentías,
tener por ilusión el desengaño,
volver atrás, y mal lograr los días.