En el común descanso de los males,
y en los primeros pasos de la Aurora,
quejoso, Tirsi, sus agravios llora
de Filida cruel en los umbrales.
Los músicos del aire naturales,
a quien primero el Sol naciendo dora,
repiten tristes la canción sonora
con dulces voces, a su llanto iguales.
¡Que tanto puede, amor, una porfía!
Pues siendo de otro su engañoso dueño,
desprecia tan costosa tiranía!
Tema es a veces el mayor empeño,
pues llora el uno, cuando nace el día;
y el otro ríe, cuando muere el sueño.