El céfiro piadoso que dormía
al rigor de los meses insolente,
respira ya, primero que la frente
al prado humille el abrasado día.
Los aires dora la mañana fría,
y en el papel del campo floreciente
lazos dibuja la risueña fuente,
que en techos de cristal presa vivía.
Las sombras crecen, que en la selva umbrosa
la vecindad del Sol hacen mayores,
cuando la viste de su luz hermosa.
Y pues del tiempo olvida los rigores,
presto verá, soberbia; y ambiciosa,
nacer las nieves, y morir las flores.