Dichosa soledad, mudo silencio,
secretos, pasos de dormidas fuentes,
que por el verde prado sus corrientes,
jamás, si van, o vienen diferencio.
Vuestra quietud estimo, y reverencio
con ojos, y deseos diferentes;
pues ya, ni el ciego aplauso de las gentes
con ambiciosa pluma diligencio.
Desde la luz, que vide la mañana,
los pasos cuento al trabajado día,
hasta que pisa el sol la espuma cana.
De cuanto fue mi engaño, y compañía;
de cuanto amé, con ignorancia vana,
en vuestra soledad perdí la mía.