Estas de Amor dulcísimas querellas,
si a cantar me ayudase el instrumento,
prendiera entre los árboles el viento,
y apresurara el curso las estrellas.
Mas quien pensara, Filis, que por ellas,
no te inclinaras al dolor, que siento;
pues turba en el celeste movimiento
los claros rostros de las luces bellas.
¡Qué poco, Filis, mi dolor te debe!
Mas cuando te debieron mis dolores,
¿qué digo amor? ni entendimiento leve,
mis penas son en su rigor mayores.
Y pues ni amar, ni padecer te mueve,
a mí me deberé penas y amores.