Señor Marqués, si los bizcochos fueran
vecinos de Suez, o Alejandría,
a un día sucediéndole otro día,
tardaran en venir, pero vinieran.
Mas de Cuenca a Madrid, donde se esperan
calientes, venga una esperanza fría;
que la fábrica ahora empezaría
pasado un siglo, que venir pudieran.
No os faltan, venerable Mayordomo,
acémilas del Rey cada momento;
sino las hay, no falta un macho romo.
No dejéis mis deseos en el viento,
que yo, Marqués, de los de azúcar como,
y no bizcochos de promesa, y cuento.