Déjame Lisis, o daré más voces,
que da un enfermo con dolor de ijada;
maldiga el cielo Musa tan cansada,
no me mates a versos, sino a coces.
Yo las quiero sufrir, pues más atroces
serán los golpes de una silva airada,
que la furia en tus corchos reiterada,
por mas que hieran sin piedad veloces.
¡Qué mal, o Lisis, de mi arbitrio sientes!
Como yo de tus versos ignorantes;
inicios son del mundo diferentes.
No mendigues más hoy entre pedantes;
y es justo, pues te dejan ya los dientes,
que te dejen cambiar los consonantes.