Flora del Betis renunció la orilla,
la dama de su célebre teatro;
y aunque no fue en Sevilla Veinticuatro,
lo fue de más de treinta de Sevilla.
Fue de Madrid costosa maravilla;
y en este novelero anfiteatro
vino a la tarde a preguntarse a cuatro
la que al Aurora despojó la villa.
En ti dirás, que escarmentarse puede,
y en tu fortuna fabulosa, y vana,
que tan breve trofeo te concede.
Lo mismo pasa, Flora, a la mañana,
lo mismo a las cerezas les sucede,
y no eres más sabrosa, ni más sana.