Mil veces pido a Clori, que me diga,
¿por qué aborrece tanto a Melibeo,
no siendo decidor, culto, ni feo,
ni a enojo tanto su fineza obliga?
En vano (me responde) se fatiga
su loco amor, su bárbaro deseo,
porque en él aborrezco lo que veo:
que soy de iluminados enemiga.
Que diga tal una mujer prudente,
que el caso sabe del gallardo Aquiles,
si sé (replica) y sé que fue valiente.
Mas unas amazonas varoniles
cansan al hombre cuerdo justamente,
y a la mujer los hombres femeniles.