No alegra tanto ver la amada tierra
a la pequeña nave, combatida
del intratable mar, ni la salida
al navegante, que su tabla encierra.
No tan alegre el preso se destierra
de la dura cadena aborrecida,
como yo, por lograr en corta vida,
serena paz, tras tan pesada guerra.
Los que alabáis a amor favorecidos,
rendidme su alabanza, porque acierte
a descubrir del tiempo los secretos,
que a donde viven solos escogidos,
se estima un pecador, si se convierte,
más que noventa y nueve, aunque perfetos.