Dichoso el que sus años ha pasado
en solitario campo en propia casa,
en quien del tiempo los agravios pasa,
de sus rústicos techos amparado.
No vive allí engañoso, ni engañado,
ni el justo fin de la razón traspasa,
ni por codicia mísera, y escasa,
probó la fe del loco mar airado.
Ve balar sus ovejas ciento a ciento,
su dicha no le aprieta, aunque fue corta,
y en más anchura vive que el palacio.
Los que seguís su vano movimiento,
más camino tenéis, pero que importa,
si vida sobra, al que vivió despacio.