Amenazando a Roma el fin postrero
aquella ardiente, y espantosa boca,
que puso horror a la osadía loca
de la superstición del pueblo fiero.
Consultando el remedio del agüero,
la dudosa respuesta los provoca,
a duro acuerdo, cuyo efecto toca,
al fuerte Curcio, intérprete severo.
Arroja, o Roma, (dentro Apolo dice)
si el cetro quieres del imperio humano,
lo que hace eterna tu virtud, y fama.
Curcio lo entiende del valor Romano,
esta voz dice (o patria) a mí me llama,
con morir a tu imperio satisfice.