Tu templo adornan con errado culto
idólatras (o Amor) del apetito,
atribuyendo a ti su infame rito,
ciegos de la ignorancia del insulto.
Pues tu precepto nunca estuvo oculto,
justo es también, que no lo esté el delito;
y por castigo justo, aunque exquisito
suspende ahora tu piadoso indulto.
Yo aquel (o Amor) que estuve un tiempo ufano
de no haber violado el sacro templo,
despojo humilde soy de los sentidos.
Su afrenta sirva de forzoso ejemplo,
si ya el verlos a enmienda reducidos,
no te deforma la violenta mano.