Ya sacerdote y víctima preparas
con tierno amor, ofrenda y sacrificio,
dando a los hombres generoso indicio,
que es blando lecho, las sangrientas aras.
¿Cómo, Señor, venciendo no reparas
en dar tus sacros miembros tan propicio
al duro hierro y al cruento oficio,
si aún más tormentos que morir buscaras?
Y cuando fija en el madero tienes
la culpa de los bárbaros tiranos,
y dar al mundo libertad previenes;
quisieron, ciegos de temores vanos,
por afrentas sus pasos y tus bienes,
clavar los pies y atravesar las manos.