La llave, señor Conde, restituyo,
con tierna soledad de mi Alcaldía;
aunque en Diciembre, y su estación sombría,
del seco prado, y sus jardines huyo.
Con frailes no porfío ya, ni arguyo,
sobre pedir boleta cada día,
juzgando en mi paciencia, y su porfía;
que es mío el prado, y que el jardín es suyo.
Y si por dicha, lo que Dios no quiera,
cuando el Sol por Abril corre su toro
volvéis de Cataluña a la frontera.
Volvedme a mi regencia, y mi decoro.
Y gozaré en la verde primavera
las dulces fresas, cuya ausencia lloro.