Hermosa Filis, si el amor ordena,
que admita los favores por engaños,
y los hierros adore de mis daños,
de tantos arrastrando la cadena.
Si cuando lastimado de la pena,
prevengo en mi defensa desengaños,
la prisión agradable de mis años,
ni humilde calla, ni confusa suena.
¿De qué sirven enojos, y venganzas?
¿De qué forzara un alma que os adora,
que viva de su dueño fugitiva?
No se remedian celos con mudanzas,
pues hace el que mudándose empeora,
que en paz alegre su contrario viva.