Fabio, no es ambición, ni fantasía,
ni por injusto pretensor desdeño
a quien jamás mostró al aplauso ceño,
con propia sed, mas no de hidropesía.
Y el natural afecto, a veces cría
una oculta ambición con vano empeño;
y el dulce engaño al despertar del sueño,
promesas de Raquel, cumple con Lía.
Dichoso vos, si huyendo sus engaños,
reconocéis el fin de sus intentos,
y halláis los propios en ajenos daños.
Y veis poner sus locos pensamientos,
tan gran cuidado en conseguir por años,
lo que después se pierde por momentos.