Hermosa Galatea, quien creyera,
que en tu pecho pudiera haber mudanza,
y que cortando el hilo a mi esperanza
de tu fe la firmeza se rindiera.
Mejor a mi desdicha la estuviera,
que en el primer principio de bonanza,
la navecilla de mi confianza,
se la tragara la tormenta fiera.
Menguarás mis deseos en un punto,
el viento de favores acalmaras,
no me alumbrara tu luciente aurora.
Cuanto me diste me lo quitas junto,
si el desengaño sólo me dejaras,
el como tabla me escapara ahora.