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1883–1924

Soneto a la muerte de su esposa

Fernando Maristany

Aquel radiante sol que me mostraba el camino del cielo llano y cierto, que de mi corazón triste e inexperto toda sombra mortal siempre ahuyentaba,

dejó ya la prisión en que se hallaba, y ciego y solo estoy Con paso incierto, voy como un peregrino en el desierto al que falta la luz que le guiaba.

Con la alma triste y el juicio oscuro; sus benditas pisadas voy buscando por los montes y valles florecientes. En todas partes verla me figuro;

ella toma mi mano y va guiando, y mis ojos la siguen hechos fuentes.

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