Ya que la grande fe del amor mío
y el eterno dolor de mi tormento
no pueden descubrir un sentimiento
liviano en vuestro ingrato pecho frío.
Mostrad con más desdén mayor desvío,
porque con el afán que triste siento,
o acabe en triste muerte el descontento,
o huya este confuso desvarío;
antes, pues más no sufre el mal presente,
volved, fiera enemiga de mi gloria;
la dulce libertad que yo tenía:
Porque de vos ya pierdo osadamente,
sin esperanza alguna, la memoria;
mas ¡ay cómo me engaña esta osadía!