Aquí yo vi el luciente y puro velo
por los hermosos hombros esparcido,
que se puso en mi cuello, y sacudido
a la aura, el oro retocó en su vuelo.
Cual baja el bello Amor del alto cielo
con crispante esplendor esclarecido,
tal mi Luz pareció con encendido
vigor, que hace ilustre y rico el suelo.
Mis ojos, que gozaron esta gloria,
son dichosos, y guardan la alegría
para el dolor que el alma presa siente.
¡Oh qué dulce holganza a la memoria,
dulce bien y regalo de aquel día,
que siempre alabo en soledad ausente!