Ya comienza a mudar su faz el cielo
sereno de mis días no turbados,
ya tornan a estrecharme mis cuidados,
a amor en fuego vuelve el tibio hielo.
Incauto en tantos daños alzo el vuelo
de atrevidos deseos no cansados,
que van en lo que sigue tan cebados,
que pierden al peligro ya el recelo.
Ufano intento, débil esperanza
y pocas fuerzas hacen que fallezca
en medio del camino la osadía.
Cuando trocare el caso esta mudanza,
será para que siempre en mal padezca
quien yerra y persevera en su porfía.