Bárbara Tierra, que en tu frío seno
cubres los grandes cuerpos derribados
de aquellos españoles, que, domados,
dejaron de terror el orbe lleno,
mira en los altos troncos el ajeno
trofeo y gime viendo allí colgados
los despojos, jamás nunca esperados
en tanto honor del impío sarraceno.
Y tú, Mar, que manchaste tu corriente
con generosa sangre, suena airado,
y decid ambos, tristes, de esta suerte:
Heroicas almas, gloria de Occidente,
id dichosas, que ya el acerbo hado
lloró España, honró el mundo vuestra muerte.