¿Es este el fruto, Amor, que al fin recojo
del contino servicio de mis años?
¿Esta es la cierta fe de tus engaños?
¿De tus promesas este es el despojo?
¡Ay, que bien yo merezco el mal que escojo,
pues que cierro los ojos en mis daños,
y huyo de tus claros desengaños,
y contra mí tan sin razón me enojo!
Porque no debe un noble entendimiento
tanto abatirse, que te de el imperio,
y de ti sólo penda su esperanza.
Mas ¿qué si yo amo y sigo mi tormento,
y por la gloria abrazo el vituperio,
y estimo por firmeza la mudanza?