De este tan grave peso, que cansado
sufro, Fernando, y sin valor contrasto,
procuro alzar el cuello, mas no basto,
que al fin doy con la carga, desmayado.
De mil flaquezas mías afrendado,
me enciendo en ira y la paciencia gasto,
pero nunca león hambriento al pasto
va como yo al error de mi cuidado.
Mas aunque oprima en mí mi mejor parte,
¡ved si estoy ya de Amor aborrecido:
oso al fin y me opongo a mi deseo!
Y en estos trances de dudoso Marte
será de mí, si soy varón, vencido
otro mayor que el africano Anteo.