Hacer no puede ausencia que presente
no os vea yo, mi Estrella, en cualquier hora,
que cuando sale la purpúrea aurora
en su rosada falda estáis luciente.
Y cuando el sol alumbra el Oriente
en su dorada imagen os colora,
y en sus rayos parecen a deshora
rutilar los cabellos y la frente.
Cuando ilustra el bellísimo lucero
el orbe, entre los brazos puros veo
de Venus encenderse esta belleza.
Allí os hallo, allí suspiro y muero,
mas vos, siempre enemiga a mi deseo,
os mostráis sin dolor a mi tristeza.