Alma bella, que en este oscuro velo
cubriste un tiempo tu vigor luciente,
y en hondo y ciego olvido gravemente
fuiste escondida, sin alzar el vuelo;
ya despreciando este lugar, do el cielo
te encerró y apuró, con fuerza ardiente,
y roto el mortal nudo, vas presente
a eterna paz, dejando en guerra el suelo.
Vuelve tu luz a mí y del centro tira
al ancho cerco de inmortal belleza,
como vapor terrestre levantado,
este espíritu opreso, que suspira
en vano por huir de esta estrecheza,
que impide estar contigo descansado.