Duro el pecho, y fue grande el sufrimiento
que enceló la crudeza de esta llaga;
mas bien no sé, mezquino, ya que haga
en el dolor esquivo que consiento.
Oso y fallece el ánimo al tormento,
de mi arrojado intento justa paga;
pero, aunque más la pena me deshaga,
acabará en silencio el sentimiento.
Tan grave el golpe fue, que el fiero arquero
de las purpúreas alas quedó ufano
viéndome atravesado las entrañas.
Temblé al furor que trajo y gemí; empero
después ¡oh simple yo! alabé la mano
ocasión de estas ásperas hazañas.