Por estrecho camino, al sol abierto
de espinas y de abrojos mal sembrado,
al tardo paso muevo, y voy cansado
a do cierra la vuelta el mar incierto.
Silencio triste habita este desierto,
y el mal que hay me importa ser callado;
cuando acaballo cuido, acrecentado
veo el sendero y veo el daño cierto.
A un lado empina yerto inmensa cumbre
el monte hórrido, opuesto al alto cielo;
corta un despeñadero la otra parte.
Crecer la sombra y anublar la lumbre
siento, y no hallo, solo en mi recelo,
a do pueda valerme alguna parte.