Cuando el dolor desmaya al sufrimiento,
estoy de todo bien desamparado,
y sacudir del cuello quebrantado
pruebo el yugo inmortal de mi tormento;
mas, viendo el oro terso suelto al viento,
o entre sortijas bellas enlazado,
vuelvo alegre de nuevo a mi cuidado;
¡tal dulce me es por él el mal que siento!
Al ardiente crispar de dulces ojos
del tierno y puro amor hermosa llama,
descubro sin temor el pecho abierto.
Mal puedo yo negarle mis despojos
si blanda enciende y áspera me inflama,
y con el mal y el bien me tiene incierto.