El triste afán del corazón doliente,
con la memoria de mis males llena,
va repitiendo con tu sola arena,
sacro rey de las aguas de Occidente.
Las ondas acreciento a tu corriente,
socorriendo a tu curso con la vena
de mis ojos llorosa, y junto suena
el suspiro, que esfuerza a la creciente.
Al fin gasto el humor, y cesa el viento
y exhala el fuego con incendio tanto
que de húmido te hace ardiente río.
En vano intentas a este encendimiento
resistir, pues no pudo el grave llanto
quebrantar su rigor, del dolor mío.