Céfiro renovó en mi tierno pecho
floridas ramas de esperanza cierta,
a mansa pluvia, a sol temprano abierta,
y todo se mostraba en mi provecho.
Cuando de hielo un crudo soplo hecho
de aquella parte de calor desierta,
abate en tierra mi esperanza muerta,
y el trabajo en un punto, fue deshecho.
Quedó en el mismo puesto el hielo frío,
que con el fuego en mi dolor contiende,
y vence alguna vez, otra es vencido.
De allí siempre temí en el pecho mío
la nieve, que aunque el fuego me defiende,
medroso estoy del daño recibido.