Esconde, tardo Bágrada, en tu seno
la fiera armada de tu osada gente,
y arrancando los cuernos de la frente
pierde el orgullo ya, de esfuerzo ajeno.
Que a todo el ancho Ponto pone freno,
vengando con la aguda espada ardiente
los insultos, que sufre el Occidente,
el domador del cita y agareno.
Verás la tierra presa, el mar sangriento,
y al nombre de Bazán temblar medroso
el corazón más bravo y arrogante,
y atado en hierro el cuello descontento,
rendirse al brazo suyo poderoso
cuanto abrazan el Nilo y grande Atlante.