¿Quién rompe mi reposo? ¿Quién desata
el dulce sueño al corazón cansado?
¿Quién despierta el temor de mi cuidado?
¿Quién mi sosiego amado desbarata?
La fuerza de mi afán, que me maltrata
turbando mi descanso, y tan pagado
estoy del mal, que en él, enajenado
de lo más, el sentido se recata.
Fuera yo a mi pasión no agradecido
si no buscara extremos en la pena,
como en la presunción de mi osadía.
El bien de mi dolor tan bien sufrido
es pensar que cuan fiero me condena
tanto es mayor con él la gloria mía.