Las armas fieras cante el triste hado
del soberbio Ilión, ceniza hecho
el impío orgullo, el temerario pecho
con saeta celeste atravesado;
el mar nunca primero navegado,
y duras peñas del concurso estrecho,
de centauros el ímpetu deshecho,
o Egeón con cien brazos indignado;
quien en la Aonia selva ornó su frente,
habitador de la Cirrea cumbre,
para vencer la muerte con memoria;
que yo sólo, si Amor tal bien consiente,
mi pura Estrella, canto vuestra lumbre,
que me afina en las llamas de su gloria.