Ningún remedio espero en mi tormento,
y de mejor fortuna desespero;
muriendo vivo, aunque viviendo muero,
ajeno y ocupado en pensamiento.
Temo el fiero dolor, y si contento
alguno tengo, temo el dolor fiero:
cansado, mi pasión abrazo y quiero,
y el mal que más rehuyo más consiento.
Tan ufano estoy siempre en la tristeza,
que nunca ceso de alabar el día
que fue ocasión de merecer mi daño.
No doy lugar al bien, y en mi estrecheza,
perdiendo vanamente la edad mía,
no sé hallarme libre de mi engaño.