Un tiempo ave caristra viví en fuego,
pero ya blanco cisne en ondas vivo;
que sólo de mi mal cuitoso escribo
cuanto escribí de bien en mi sosiego.
Pensé, trocando grado, trocar luego
suerte, y fue vano error; que Amor esquivo
en uno y otro estado al fin cautivo
me oprime y en igual desasosiego.
De mi pecho exhaló un Vesubio ardiente,
ahora de mis ojos despedido
corre un Istro nevoso desatado,
no esfuerza con la nieve la creciente,
antes con el ardor más encendido
va en abundoso curso dilatado.