Musa, esparce purpúreas, frescas flores
al túmulo del sacro Laso muerto;
los lazos de oro suelte sin concierto
Venus, lloren su muerte los amores;
arda la rota aljaba y pasadores,
la mirra y casia y cuanto el encubierto
fénix quema, y con verso grave y cierto
cante su gloria Febo y sus dolores.
Laso, por quien el Tajo al rico Tebro
y excede al Arno puro, sepultado
yace entre verdes hojas de amaranto.
Incline el nombre claro que celebro
sus coronas Parnaso, y admirado,
venere el alto y noble y tierno canto.