Si para que yo sienta cuánto fuego
abrasa vuestro pecho a la luz pura,
y a los rayos de eterna hermosura
queréis que llegue deslumbrado luego,
no me digáis que mire con sosiego
su resplandor y su gentil figura;
mas que huya su ardor, si la ventura
puede librarme ya encendido y ciego.
¿Qué maravilla es que en viva llama
os consumáis, teniendo el sol presente,
y siendo vos a su calor de cera?
Conoce el mal ajeno quien bien ama,
y mi pasión en su presencia siente
la fuerza de la vuestra más entera.