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1534–1597

- CXXIII -

Fernando de Herrera

Grande fue, aunque infelice, tu osadía, que por guiar ¡oh hijo de Climene! El carro en que gobierna solo y tiene Febo el vivo esplendor que ilustra el día,

del fiero rayo muerto en yerta vía, Eridano en sus ondas te sostiene; gloriosos sepulcro, cual conviene a tu alto corazón y a tu porfía.

Yo, que cuidé estrenar la pura lumbre, y de mi sol regir los cercos de oro, dichoso Automedón, con diestra suerte, caí, abierto el pecho, de la cumbre,

y perdí, no la vida, el bien que lloro; que en tal mal fuera el bien hallarla muerte.

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