Temor me impide, esfuerza la esperanza,
y cuanto me entorpece, Alfonso, el hielo,
tanto el ardor me alienta y alza el vuelo,
y llega do el deseo apena alcanza.
Fijo la vista, sin temer mudanza,
en la luz bella de mi eterno cielo,
y oso traer una centella al suelo,
que abrasará con él mi confianza.
Si fue con pena inmensa la osadía
que robó el fuego a la celeste rueda
terror y ejemplo a humano atrevimiento,
podré alabarme en la fortuna mía;
que aunque mi grande afán al suyo exceda,
deseo que no acabe mi tormento.