Tú, que en la tierna flor de edad luciente,
Jerónimo moriste, y apartado
de los tuyos, el piélago sagrado
honraste con tu cuerpo eternamente,
recibe, no de mármol excelente
dino sepulcro, del mortal cuidado
breve gloria, do al fin yace olvidado,
mas lágrimas de triste amor ardiente.
Recibe esta memoria de mi pena,
que te será perpetua por ventura,
pequeña prenda del amor estrecho.
Tú gozas de la pura luz serena,
tú tienes todo el mar por sepultura
y siempre eterno vives en mi pecho.