Aquí do estoy ausente y escondido
lloro mi mal, pero es el dolor tanto
que en mis ojos desmaya el triste llanto,
y fallece en silencio mi gemido.
Por esta oscura soledad perdido
huyo y va alejándome, mas cuanto
me aparto, el mal me sigue y pone espanto
y no me vence en tanto afán sufrido.
Duro pecho, porfía no cansada,
rebelde condición que osa y contrasta
a tan grande mudanza y desventura,
llevadme por la senda acostumbrada
de mi error al peligro, que ya basta
ver el fin sin tentar nueva ventura.