¿Nací yo por ventura destinado
al amoroso engaño, y ofrecido
en mi ofensa a desdén, a ingrato olvido,
sujeto siempre a miserable estado?
Rompa la aguda espada el implicado
nudo, pues de mi industria nunca ha sido
suelto por mi dolor, que en mal perdido
el más cruel dolor es acertado.
Cuelguen de este alto roble los despojos
de mi penoso error, y la que incierto
me sostuvo esperanza a un tiempo, muera;
que ya no doy lugar a bellos ojos
ni a dulce risa y habla lisonjera;
y en él se escriba: «Amor quedó aquí muerto».