Viví, cuando Amor quiso, en mi cuidado
ufano y sin temor, mas mi destino
no sufrió que este bien fuese contino,
que no dura en amor un dulce estado.
Desierto de remedio y engañado,
cual mísero y errante peregrino,
por los montes voy solo, sin camino,
de mí mismo y de Amor desamparado.
En medio del dolor, en la memoria,
tal vez consiento sombras de alegría,
que engañan dulcemente la esperanza.
Mas esto es la segur, que de mi gloria
corta lo extremo, que en la suerte mía
del bien nace en mis daños la venganza.