Cubre en oscuro cerco y sombra fría
del cielo puro el resplandor sereno
la húmeda noche, y yo, de dolor lleno,
lloro mi bien perdido y mi alegría.
Ningún alivio en la miseria mía
hallo, de ningún mal estoy ajeno;
cuanto en la confusión nublosa peno
padezco en la rosada luz del día.
En otro nuevo Caúcaso enclavado,
mi cuidado mortal y mi deseo
el corazón me comen renovado,
do no pudiera el sucesor de Alceo
librarme del tormento, no cansado,
que excede al del antiguo Prometeo.