Profundo y luengo, eterno y sacro río,
que el ancho curso tuyo y grande frente
mezclas en el mar hondo de Occidente,
y en él junto el amargo llanto mío;
de mi deseo vano, en quien porfío,
de esperanza y remedio siempre ausente,
en esta soledad por tu corriente
hago ocasión a nuevo desvarío.
Tú si del canto mío un tiempo oíste
el tierno son, aunque mayor que el Ebro,
y yo ¡cuánto menor que el claro Orfeo!
Admite en estas ondas mi amor triste;
que será en los males que celebro
sólo mi Pimpla y mi Castalio Olmeo.