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1848–1921

Se murió el avaro

Federico Bermúdez y Ortega

Se murió el avaro, y en la estancia oscura donde yace el cuerpo sobre el tosco alambre de una cama pobre, alguien asegura que el avaro triste ¡se murió de hambre!

Una pobre vieja misericordiosa, presa de congojas y crueles martirios, a todos advierte, triste y pesarosa, que hace falta incienso y hacen falta cirios.

Todos los curiosos se van alejando de la pobre vieja, mientras va quedando el avaro a oscuras y sin oración Cuando al otro día fueron a enterrarlo

cuatro pordioseros, todos al mirarlo pasar, ¡sonreían de satisfacción!

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