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1831–1905

A la muerte

Federico Balart

Yo te saludo, oh muerte redentora, y en tu esperanza mi dolor mitigo, obra de Dios perfecta; no castigo, sino don de su mano bienhechora.

¡Oh de un día mejor celeste aurora, que al alma ofrece perdurable abrigo, yo tu rayo benéfico bendigo y lo aguardo impaciente, de hora en hora.

Ante las plagas del linaje humano, cuando toda virtud se rinde inerte, cuando todo rencor fermenta insano, cuando al débil oprime inicuo el fuerte,

horroriza pensar, Dios soberano, lo que fuera la vida sin la muerte!

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